HUESOS SUBLIMES y otros poemas

Portada de "Huesos Sublimes y otros poemas"

"Fragmentos de una Crucifixión", Francis Bacon, 1950.

I

Si digo lo que cesa

no estaré errado del todo.

La certidumbre

así nombrada

parecería sueño fugaz

esta lluvia que adorna mi espalda

tan amena

que no temo decir

DIOS.

II

Cada vez que me sonríe el aire

se extravía una bocanada de luz

me abrazan las penumbras.

Suelo tomar entonces

las vagas tinturas de mi ser molestado

apurar mi mano

que baila suave bajo la luz

de una vela.

III

Me he convertido en palabra extraviada

anochecida

de pastizales incendiados.

IV

A lo lejos

una bombilla

inicia

la noche de los locos

en este petrificado mar

y sus desmedidos seres.

V

Desde aquí pareces

ciudad

bella lluvia demente.

Un vapor se mueve

a tu ritmo.

VI

La otra poesía:

la que no se teje en las miradas

la que se embadurna de ron y smog

la que canta su grito diario

desde el otro extremo

de esta rara ciudad.

VII

Estos poetas errantes

como chasquidos

hojarascas tapizadas

de piel.

VIII

¿Quién vendrá a apartar

este velo rasgado de soledumbre

que hace difusos

mis más agudos bordes?

IX

Arrastro los pies

en esta desnudez terrenal

que me obsesiona

busco el silencio

en los pasos que no conocí

en la memoria del azahar

lamiendo la virtud

del errante.

X

Los perros ladraban

vistieron el aire

con lamentos

urdieron

fantasmales ecos

en mi boca.

Los apagué

con un sueño.

XI

Oscuridad

sé que estás allí

esperándome

no impacientes

mi luz se va.

XII

Oigo los sonidos

de la noche

como espirales

algo se retuerce

se consumen las horas

al despertar seré trino

otra vez.

XIII

Ajenos ojos

no me miraron

me vi en los míos

y no estaba en ellos

eran espejos vacíos

iluminados por este

desierto.

XIV

El ruido de la calle

no me aturde

Me ensordecen el aire

de este magro espacio

que no me dice nada

y la visión

de los héroes inmóviles

de mirada fija y fantasmal

XV

Esta noche los sonidos del címbalo.

Una flauta vuela por el pasillo de esta loca casa,

has estado aquí y allá, pero por sobre todo

has estado en el medio.

Cada vez que te construyes

escucho los pulsos del universo.

Permanecieron ocultos a la mentira.

Por eso, quizás, presiento

que eres pura.

 XVI

A Valentina

Eres un soplo en el rostro,

un campo donde la belleza escondió

sus mejores años;

un desierto sediento de voces,

la amalgama de nubes y vientos,

la risa de un ruiseñor, de las flores,

del sicomoro.

Eres belleza,

las barbas de un rey carmesí,

las notas del clavecín,

las grietas por donde miro tu libertad

desde esta prisión,

desde esta mente desquiciada

pero no incapaz de decir.

XVII

Las voces detestables

de la locura

no tienen asidero

en mi carne

ni en mis huesos

Soy el sublime atajo

a la razón

insospechada risa

candente armonía

sueño fugado

reino depuesto

Despierto

y sospecho del eco

de un grito

escrito en la pared

Temo quedarme

dormido otra vez

XVIII

Al término de este día

sólo hemos quedado tú y yo,

y más tarde el camino a casa,

la amargura y la quietud molesta.

Escuchamos la mente sideral de Syd Barret

a través de las carnosas aurículas

y sentados en forma de loto.

Intentamos permanecer flotando perennes

frente a una imagen que da vueltas en el espacio

del cuarto, pero no es posible asir con fuerzas

colosales a un espíritu exaltado

por los sonidos sesentosos,

por los colores del Pop Art,

que sobrecargan nuestras mentes

hasta conciliar el sueño

pasadas las 12am.

En la mañana, volvemos a andar caminos distintos,

esperando reunirnos nuevamente al término de este día.

XIX

te doy un beso

desaparezco leve

entre tus labios

***

La Poesía

se hundió en el fértil campo

de tu cuerpo

y desde allí gritó sus más feroces

versos

a este corazón

AL FINAL DE ESTA CALLE

Al final de esta calle me hallaré.

Al final de esta calle estaré resumido

en la piel del mendigo que se arrastra en el extremo del asfalto.

Al final de la noche cómplice y carcomedora de sueños

como la droga que hizo del hombre un indigente.

Al final de esta amplia calle me veré desnudo

y arrinconado en la pared con las uñas clavadas

en el cemento gritando una espinosa jerga

a veces alto muy alto

otras tan bajo como el murmullo de las ánimas

en esas noches frías de abril en que los sonidos

revisten las pieles de los andantes.

Al final todo es cadenciosamente medido

en la pupila y risa tormento fiebre

al final

el asfalto no es duro

dura la piel del mendigo

donde caigo

en resumen

no soy yo al final de la calle

pero me hallé pidiendo compasión

a la miseria de la gente.

 

CAMA

Revivo el fragmento tecnológico

inerme sufre sobre mis toros lidios la soledad

luego del sexo en un cuarto azul

mi vista recupera poco a poco

su ansiedad griega

en un pozo sanguinolento

de carnes sabanícolas que en desacuerdo

huyen de dios

esa carcasa maniquea o a la vez imprecisa

férula exquisitante.

Maquino hoyos a Rimbaud.

ORANTE

Asceta miré los brazos plagiar cantares a los cielos

cemento apolíneo se derritió ante su presencia.

Se le escapan efímeras las nubes

-barbas de dioses- .

Se fueron desquiciando cantares de hombres.

HABITÁCULO

Mesiánicos ruidos aturden

[mis experimentadas narices

en las manos de rugientes mujeres-locura.

Amo extraerles caprinos gritos

en medio de la luz de lo sombrío

que canta mil veces mi ritmo

inocente campo de ardores.

Juan Carrasco, 2010 – 2011

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