Categoría: CUENTOS

SENTENCIADO

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Hacía un frío irresistiblemente trágico allí, en ese lugar donde me consumía -o donde me consumo de vez en cuando-. Una polilla aleteaba incesante en el rincón de esa negra estancia, que parecía una noche sin final; tenía las alas destruidas, no podía huir. Ese ruido seco de sus alas golpeando el piso mohoso y el de mi corazón bombeando mi sangre eran los únicos que me perturbaban en las noches. Aunque sé bien que había días, las más de las veces me di cuenta de que sólo eran noches brillantes. Para mí, en ese lugar, todo era oscuro como la noche. Sigue leyendo